miércoles, 7 de agosto de 2019

Verano de ....

mierda.

El verano era un lugar seguro cuando era pequeña, lo peor que podía pasar es que me mandasen cuadernillos de refuerzo super aburridos, pillar piojos, quemarte con el sol o que pusiesen capítulos repetidos de Art Attack, del resto siempre he mantenido un buen recuerdo, campamentos, playa, familia, helados y muuuuucho tiempo libre, pero tiempo bien aprovechado.

Ahora han cambiado las cosas y no me gusta nada. No solo me toca madrugar de lunes a viernes, sino que además los findes desearía al menos tener que trabajar para no sentir que pierdo el tiempo. En Madrid no hay playa, ni planes improvisados, ni diversión, ni piscinas cercanas, ni nada que me guste. Mi propósito es no volver a pasar el verano en la capital y este es el motivo: 

miércoles, 17 de julio de 2019

En espera


No siempre arrancamos, no siempre tiramos.

Eso me ha pasado durante un tiempo, me encontré hundida en un océano de dudas, algún que otro miedo y frenos que me dejaban en una sala de espera. Y está bien, porque creo que de todo se aprende, pero también decirlo en voz alta ayuda, ya sea para solucionarlo... o para decirle a otra persona que no está sola, que yo también sigo siendo una niña perdida.


A veces nos encontramos en una pausa que se hace demasiado larga, frustra y confunde a partes iguales, pero bueno, a lo mejor, el truco para todo esto... es darle al play.

lunes, 22 de abril de 2019

Buscar trabajo es un trabajo

Os pongo en situación, con 19 años salí del nido. Fui afortunada por poder elegir y mis padres me dieron ese impulso final para lanzarme a la aventura en Inglaterra, creía que eso me había hecho fuerte, que lo peor había pasado, me despedí de mi familia y me planté sola en un pueblecito. Durante un año trabajé y estudié, algún que otro día comí solo cereales porque no llegaba a fin de semana (ahí se paga cada semana, no cada mes) pero, ante todo, me esforcé. Regresé a España para formarme y obtener el título universitario en Comunicación Audiovisual, con ilusión, ganas y una sensación de "cuando salga me voy a comer el mundo".


No creo que haya gastado cuatro años de carrera, no me quedé parada, aprendí por mi cuenta y mi CV cada vez tenía más formación y experiencia que mostrar. Y llegó el momento de hacer prácticas universitarias, a diferencia de otros compañeros, mi problema fue que tenía demasiadas empresas interesadas en mi perfil, lo pasé mal por no saber qué opción me gustaba más y finalmente tomé mi camino. Esto me dio confianza, me hizo creer que efectivamente valía, porque creo que valgo. Obviamente soy joven, no tengo años de experiencia trabajando como senior en una empresa, pero no considero que me haya quedado quieta. Además de ilusión, ganas de tener un puesto relacionado con lo mío y disposición a seguir aprendiendo, tengo una mente con ideas brotando y mis medios para llevarlas a cabo.

Las prácticas fueron saltando de empresa a empresa, hasta que mis ahorros no dieron para más trabajos no remunerados, creía que valía, pues todos me querían en su empresa, lo que no descubrí hasta el final es que lo que más les gustaba de mí... era que les salía gratis.


¿Cuál ha sido mi sorpresa ahora? Buscar un trabajo de verdad, porque aquí hay trampa. Todos piden años de experiencia, juventud, multitask, una cartera de clientes... todos piden un milagro. No conozco a ningún amigo (o amigo de) que cumpla estos requisitos con menos de 25 años si además han estado en la Universidad. Piden ideas frescas e innovadoras, pero no nos dejan hablar. Gritamos, pero ellos están sordos.

Como digo en el título, buscar trabajo es un trabajo. En mi área prima la creatividad, debes ser llamativo, original, captarles con el asunto de tu mail. Eso equivale a echar más de un día para dejar tu CV perfecto, ingeniártelas para que el diseño sea bonito. Y, por si fuese poco; crear un reel, portfolio, cuidar redes sociales y tener referencias. Todo antes de que tú puedas decir "hola".



Además de eso tenemos la otra parte, con toda una cartera de muestra, falta algo que puede determinar tu valía, la carta de presentación. Uno puede pensar que con un copia y pega bien hecho puede valer, pero no. Cada oferta de trabajo solicita tiempo y atención, debes leer bien los requisitos, ver si te adaptas, he encontrado algunos puestos que tienen hasta preguntas escondidas en su descripción. Todos quieren que te mueras por ese puesto, que solo les quieras a ellos, que lo des todo en un mail... pero luego nunca contestan.

No, no estoy quejándome por no tener trabajo en mi sector. Estoy quejándome del tiempo que implica realizar todo un proceso, como si esto fuese los Juegos del Hambre, para ni siquiera recibir una confirmación automática que me digan que esos 15 minutos escribiendo han llegado a su servidor.
Estar sin trabajo conlleva angustia, estar pendiente del móvil por si alguien llama, contestar a muchos comerciales que te han pescado en una de esas llamadas, decir que no estás interesado y seguir esperando que la pantalla se encienda con alguien dándote una oportunidad. Pocos han nacido con un trabajo asignado, creo que en mayor o menos medida, todos hemos tenido que luchar por un puesto. ¿Tan difícil es tener empatía? Cuando digo a una empresa que me ilusiona trabajar con ellos lo digo de verdad, no espero que me den el puesto por caerles bien, pues sé que hay muchos que valen más o tanto como yo. Pero sí exijo un "ok", una señal, alguna respuesta de cortesía, un poco de esperanza a alguien que lleva mandados más de 100 correos personalizados.



Mi ilusión y ganas no han disminuido, de hecho no puedo quejarme, porque irónicamente he encontrado un pequeño empleo y eso hace que mientras busque "algo de lo mío" tenga un dinero con el que pagar el alquiler y unos pocos gastos. Sigo accediendo a los portales de trabajo más que a mi instagram, repitiendo el proceso a diario, sin ser tentada por tirar de un mail genérico, preparada para una oportunidad, un consejo, lo que sea. Horas de búsqueda que al final, se han convertido... en mi nuevo trabajo.

viernes, 12 de abril de 2019

Tim Burton casi mata a Dumbo

Si hay un estreno que llevaba tiempo esperando era el de Dumbo. De pequeña era mi pequeña adicción, al igual que otras tantas de Disney, hasta que mis padres me prohibieron ver Dumbo. La causa era sencilla, no podía parar de ver la peli y eso llevaba siempre a un disgusto enorme. 



Era pequeña, pero no tonta, no me pillaba por sorpresa que encerrasen a la mamá de Dumbo, sabía que se iban a reír de sus orejas, estaba preparada para el miedo y confusión cuando el elefantito se ponía trompa (nunca mejor dicho). Era consciente de dos cosas, la primera, que jamás querría probar el alcohol si eso conllevaba tener pesadillas. La segunda, que siempre iba a llorar como si fuese mi primer visionado. Una de ellas cambió con el tiempo... pero yo seguí llorando.

Dumbo te hacía no querer crecer incluso más que Peter Pan, porque separarse de mamá cuando ibas a clase dolía, pero imaginarte que le encerraban solo por intentar defenderte generaba una angustia aún peor. El lado positivo es que además de generar un pequeño trauma tenía su huella de película Disney, esa pluma que te alentaba a volar, o en un caso real, a soñar.

El caso es que con esta premisa era de esperar mi expectación por la nueva versión, sé que no era una recreación de la original, pero se comentó que algunas escenas se iban a conservar y puesto que en el trailer se escuchaba la famosa melodía de su banda sonora (hijo del corazón), pensé que al menos esa escena se iba a quedar.



Aquí llega la parte de spoilers, es fácil intuir que si escribo esto es porque no me ha terminado de convencer el film, pero ahora voy a desmenuzar mis razones. Si todavía no la has visto no voy a ser yo quien te detenga, porque de verdad me interesa saber qué opinión despierta la película, pero a mí, me ha dejado un pelín decepcionada.

Tim Burton no me cae del todo bien, comprendo que una marca personal siempre es algo que debe tener prioridad en cualquier trabajo, sus obras se distinguen a la legua, pero... ¿hasta qué punto no eclipsan al argumento? Hay películas que sí, van de la mano con el director, "Charlie y la fábrica de chocolate" es el mejor ejemplo de adapatación donde Burton puede sacar chicha; un imaginario increíble, fantasía y un tinte cruel disfrazado de inocencia.



Pero con Dumbo eso no se hace. Vale, te cargas todos los números musicales, creas una trama diferente, metes muchos personajes nuevos que no terminan de cuajar, cambias el escenario y ahora los animales no hablan pero entienden perfectamente al humano. Puedo consentir ese quiero y no puedo de un Dumbo real, pero no quites los sentimientos. Al final lloré más con un trailer previo a la película que con las casi dos horas de proyección. No me angustié con la espera de mamá Jumbo, cuando llegó Dumbo simplemente había llegado, era monín, pero no parecía un deseo de su madre. Así mismo la escena donde el bebé se escabulle por la noche para visitar a su mamá en su particular prisión se acorta, es bonita, te da pena, pero se hace muy breve. No conectas con la relación madre e hijo, solo esperas que se reúnan porque así deben ser las cosas, pero no entiendes cómo un recién nacido puede luchar tanto por su mamá con la que ha pasado unos pocos minutos.


Y ese es el gran error, porque sí, tenemos la escena de pompas con figuras, tenemos miedo, fuego, humillación, pero no hay amor. Da igual si hubiese quedado moñas tener una escena de dos minutos donde alguien se sintiese realmente triste. No era tan descabellado siendo que de primeras se crea ese paralelismo entre Dumbo y los niños, ambos a su manera añoran una figura materna importante. Era la oportunidad de que esa ausencia no fuese solo el motor de la trama, sino también motivo de momentos no tan alegres más que justificados.

Es por eso por lo que el nuevo Dumbo no me convence, no es tan protagonista como debería ser alguien que da título a una obra, simplemente es una buena imagen que vender, porque es pequeño, bonito de ver y además vuela. Tim Burton podía haber dejado su ego a un lado, era compatible dejar huella y respetar algo tan sencillo como la unión principal, en su lugar, casi mata (literalmente) a Dumbo.

domingo, 10 de marzo de 2019

Me he puesto en modo Marie Kondo y...

Mi vida lo pedía a gritos, ORDEN en la sala. Creo que solo te das cuenta de la cantidad de cosas que tienes cuando tienes que hacer una mudanza y en mi caso llené una furgoneta y varios maleteros. Me gusta verme como una mujer libre, sin ataduras, sin cadenas, nada ni nadie que le pare... hasta que llego a mi armario. Por muy pájaro que me quiera sentir hay algo que está claro, es imposible meter mis cosas en varias maletas y pirarme. La verdad es que no es algo que tenga en mente, tranquilos papá y mamá, no estoy pensando en desaparecer, simplemente es eso, que si quisiese, no podría. O peor aún, si hubiese un incendio en casa, yo perdería muchas cosas... ¿y me dolería por la cantidad o por la cantidad? No lo sé, pero en serio, es que no me explico cómo ocupan tanto espacio las cosas si luego uso lo de siempre y tengo que comprar más, tengo un problema.



Como yo soy muy fan de tener crisis existenciales un fin de semana empecé a hacer limpieza de armario, porque mira que tengo ropa, ¿eh?. Y no me quejo, de hecho aspiro a tener un vestidor entero lleno de ropa, como el de Dulceida si pienso en lo barato, el de Rachel Green si pienso en algo práctico o el de Carrie Bradshaw si pienso a lo grande. Igualmente en estos armarios hay cosas que sobran, porque no hay otra forma de definirlo; SOBRAN. Así que mientras puse a Marie Kondo dando consejos, abrí las puertas, despejé la cama y me puse a ordenar.

Si tú estás leyendo esto con un sentimiento de culpa, sí, debes hacerlo,
así que te dejo algunos consejos ¡y manos a la obra!... o al montón de ropa.

Encuentra el día

Por muy buenas intenciones que tengas, a veces, no es el día de ordenar. Tienes que pillarte en un mood no melancólico, pero tampoco enfadada. Lo importante es que seas capaz de tirar la camiseta que llevas años sin usar y solo guardas al fondo por si acaso, seamos sinceras,  no la vas a usar, es el momento de darle el funeral que merece.


Los recuerdos están en nuestra cabeza, no en la ropa

Parece una tontería, pero me costó aprenderlo. Yo soy muy de tener cariño a prendas solo porque me recuerdan a un momento importante de mi vida. Hay algunos que obviamente hay que guardar, como el último uniforme o ese vestidazo que aunque ya no entre, sigue valiendo 100 euros. Pero también hay jerseys, camisetas o simples complementos que no nos vamos a poner nunca y sin embargo guardamos por miedo de olvidarlo. Aceptemos la realidad, no van a hacernos un museo con todos nuestros recuerdos, nadie es tan importante. Entonces... ¿para qué guardar un abrigo que se cae en pedazos si jamás te lo vas a poner? Date el tiempo que necesites, pero es importante que aprendas y digas adiós.


Ponte algo de fondo

Ya sea una serie que no tengas que prestar atención o una buena playlist, el silencio atonta, todo lo demás motiva. Eso sí, debe ser algo que no te distraiga demasiado, porque una buena serie te hará quedarte en el suelo embobada con unas medias en las manos durante 40 minutos (sí, ha pasado). Si vas a hacer una limpieza intensiva tu cerebro va a estar rindiendo como si estuvieses en el gimnasio, no es algo científico pero yo lo noto, mucha reflexión, mucha reorganización... si te centras exclusivamente en todas las perchas que tienes al final te cansarás pronto, pero si mientras enrollas los calcetines con un buen temazo del 2010 las cosas van mucho mejor y aguantas.


Cada uno con lo suyo

Vale, creo que cada uno tiene su método para ordenar, yo dividí por secciones de arriba y telas, pero otros ponen todo por colores, no sé, no hay un truco, no te puedo ofrecer un tutorial. Ni siquiera Marie lo tiene, no... ella enrolla todo, lo cual no veo muy práctico porque digo yo, ¿no quedará luego super arrugado? Aunque sea menos cómodo yo soy de colgar en un montón de perchas, así me evito la plancha y recuerdo que tengo cosas, porque todo amontonado en rollitos de primavera no deja ver con claridad mi outfit.

Segundas oportunidades

Citando a Buscando a Nemo "y ahora ¿qué?". El objetivo principal de haber hecho esta limpieza es tener bolsas llenas con cosas que ya no quieres, en primer lugar, debes felicitarte, porque parecía misión imposible y al final ha resultado más fácil de lo que pensabas. Adiós a esa ropa que no usas, está desgastada o seremos sinceras... nunca vas a adelgazar tanto. Pero, ¿ves lo que acabo de hacer? Cuando te desprendes de la ropa no debes abrazarles, la verdad, a mí eso me hace más difícil la despedida. Pero sí puedes sentirte menos culpable del malgasto dándoles una segunda vida, solo que no contigo.


Para ayudar

Cuando te das cuenta de todo lo que tienes y todo lo que no usas es el momento de aprender. Todo momento es bueno para llevarte una pequeña lección, está bien tener cosas, sienta bien ¿no? Pero el sentimiento de culpabilidad no se cura solamente pensando en los que no tienen, hay que ponerle solución, la primera es muy sencillo, tu abrigo negro número 3 que has decidido no volver a guardar sigue siendo bonito y protege del frío. Y no es la única prenda que está pidiendo una nueva aventura. Donar la ropa es la respuesta que buscas, acércate con la bolsa a algún centro que tengas por el barrio, en estos tiempos por desgracia es fácil encontrar algún punto que necesite ropa, ayudar a alguien te va a hacer sentir mejor que una blusa nueva.

Para sorprender

De las muchas cosas que esperaba averiguar en la edad adulta era qué narices regalar en los cumpleaños y cómo no quedarte sin tus cinco euros de colchón mensual. Por eso un truco es pensar qué podría gustarle a otra persona que quieras. Yo siempre defiendo ardientemente la idea de que todo regalo debe llevar su ticket, pero eso es cuando es casi obligatorio regalar. Yo siempre he dicho que sería muy buena millonaria, estaría malcriando a mis amigas constantemente con dinero. ¿No sería super guay regalar a tu amiga un buen libro cuando decida por fin pasar del idiota de turno? hay muchas cosas que no, pero seguro que alguna es digna para alegrar un día cualquiera. 


Para ahorrar

Cuando eres un estudiante cada céntimo cuenta y hoy que está más de moda la ropa de segunda mano tenemos una pequeña ayuda para pagar gastos básicos. Sinceramente, cuando entré en Wallapop creía haber encontrado una mina de oro, creía que me iba a ganar un dinerillo mensual tan tentador que por poco iba a vaciar el armario y renovarlo cada trimestre o al menos pagarme un billete barato de Ryanair... pero no. No obstante no hay que perder la esperanza, he vendido alguna cosa. Un jersey de navidad, un libro repetido, bueno, mejor eso que nada. No sé de más apps que funcionen bien en el tema venta de ropa, pero no me vendría mal saberlas, así que si alguien lee esto y tiene recomendaciones que escribir... soy todo ojos.

Para tirar

Y por último, el montón que probablemente ocupe más espacio, el de las manchas que jamás se van, descosidos que no se pueden apañar, pantalones desgastados que no quedan bien ni en fotos vintage... la bolsa de ropa que va a ir directa a la basura. Aún así hay solución; reciclar. Siempre siempre siempre se puede reutilizar lo que tenemos, solo que no somos capaces nosotros de verlo. Descubrí hace un tiempo el contenedor de H&M, por cada bolsa de ropa te dan 5 euros de descuento en la próxima compra. Sé que hay en más tiendas, pero yo la que más visito es esa así que me viene fenomenal. No solo consigues un vale que seguro vas a usar, te aseguras que alguien reutilice esos vaqueros para una diadema bonita.



Así que ya sabes, haz un hueco en tu google calendar y encuentra el momento para quitar todo aquello que solo ocupa espacio, te sentirás muy bien dejando un hueco para una nueva etapa, estación o directamente... una nueva vida.