Existen adicciones en el mundo, dirán que unas malas y otras buenas, pero en mi opinión, todas tienen su parte negativa. El otro día me dí cuenta de que tenía mono de fotografía. Quería volver a ser la chica que salía, se perdía por Londres y simplemente capturaba todo lo que le parecía medianamente bonito. Gracias a dios llegó un día de verano a la ciudad y algo dentro de mí despertó. Me suplicaba a gritos que cogiese a mi bebé (la cámara) y saliese ya con ella. Así hice y el sentimiento de felicidad es increíble. Entonces pensé, ¿por qué no he hecho esto antes? ¿Por qué me había perdido a mí misma en cierto modo? Eso y una tormenta de preguntas llegaron a mi cabeza, pero lo que aprendí en ese instante que lo peor cualquier actividad adictiva es que cuando llevas tiempo sin practicarla, te das cuenta de lo mucho que la echabas de menos y cuánto la necesitabas.